viernes, 14 de enero de 2011

LA SEQUIA


En un pueblecito que vivía del trabajo del campo acaeció una vez una larga y dura sequía que amenazaba con arruinar a los agricultores. Los habitantes del lugar fueron a ver al cura del pueblo y le dijeron:
- Padre, ¿por qué no pedimos a Dios que nos mande la lluvia?
- De acuerdo - respondió él-, pero debemos pedírselo con fe, con mucha fe, para que nos lo conceda.

La gente pensó en que era una condición muy sencilla y fueron a casa esperanzados. Sin embargo, pasaron las semanas y la sequía continuaba, a pesar de que ellos iban a misa puntualmente cada domingo. Cansados de esperar, los vecinos fueron de nuevo a ver al cura y le protestaron:
- Nos ha engañado. Dijo que si pedíamos a Dios con fe, nos mandaría la lluvia, pero ya han pasado muchos días y no ha caído una sola gota.

El cura les preguntó si habían pedido con verdadera fe, a lo que ellos contestaron que sí, por supuesto.

-Entonces - replicó el cura -, ¿cómo es que ninguno a venido a misa con paraguas?


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jueves, 6 de enero de 2011

EL PESCADOR


Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a su barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado.

-¿Por qué no has salido a pescar? –le preguntó el hombre emprendedor.

-Porque ya he pescado bastante por hoy –respondió el apacible pescador.

-¿Por qué no pescas más de lo que necesitas? -insistió el industrial.

-¿Y qué iba a hacer con ello? –preguntó a su vez el pescador.

-Ganarías más dinero –fue la respuesta–, y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca. Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo.

-¿Y que haría entonces? –preguntó de nuevo el pescador.

-Podrías sentarte y disfrutar de la vida –respondió el hombre emprendedor.

-¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? –respondió sonriendo el apacible pescador.

(L. Tolstoi)

lunes, 3 de enero de 2011

GRABANDO A UN AMIGO


Dice una leyenda que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: "hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro".

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por su amigo. Al recuperarse, tomó un estilete y escribió en una piedra: "hoy, mi mejor amigo me salvó la vida".

Intrigado, el amigo preguntó:
-¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:
-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargará de borrarlo y apagarlo. Por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento en todo el mundo podrá borrarlo.


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domingo, 26 de diciembre de 2010

LA DULCE INOCENCIA


Un científico estaba trabajando en su laboratorio cuando entró su hijo de cinco años, dispuesto a ayudarle. El científico, que tenía mucho trabajo y no quería ser interrumpido, pensó en darle un entretenimiento al niño para que no le molestase. Recortó de una revista un mapa del mundo, lo cortó en muchos trocitos y se lo dio a su hijo junto con cinta adhesiva para que lo recompusiera. Como no había visto nunca ese mapa, el científico pensó que tardaría horas en hacerlo.

Cuál fue su sorpresa cuando, al cabo de unos minutos el niño le dijo:
-¡Ya está papá, ya lo terminé!

El científico se quedó sorprendido por unos momentos, pero se giró pensando que no vería más que una chapuza típica de un niño de cinco años. Sin embargo, el niño le mostraba el puzzle totalmente hecho y con todas las piezas en su sitio. Le preguntó asombrado:
-¿Cómo lo has hecho, hijo?

-¡Muy fácil, papá! Cuando lo recortaste de la revista, me di cuenta de que, por detrás del mapa, había dibujado un hombre. Cuando me diste los trocitos, les di la vuelta e hice el rompecabezas del hombre. Cuando terminé de arreglar el hombre, me di cuenta de que había arreglado el mundo...


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sábado, 11 de diciembre de 2010

UN COCODRILO EN EL RIO


Un caluroso día de verano, un niño fue a tomar un baño en el río que había al lado de su casa. Mientras chapoteaba en el agua, se le acercó un cocodrilo sin que él lo notase.

Desde la ventana de casa, su madre, aterrorizada, sí se dio cuenta, de modo que salió corriendo hacia su hijo, advirtiéndole a gritos del peligro. Cuando llegó a la orilla, era demasiado tarde: el cocodrilo había agarrado las piernas del niño. Sin embargo, la madre agarró sus brazos, asiéndolos con fuerza y determinación. El cocodrilo era más fuerte que ella, pero el amor de la madre le hacía no soltarlo.

Un cazador que caminaba próximo al río escuchó los gritos, y se acercó corriendo; al ver la escena, tomó su escopeta y, de un disparo, mató al cocodrilo.

El niño sobrevivió, pero fue sometido a varias operaciones; aun así, pudo llegar a caminar.

Conocido el caso, un periodista quiso hacerle una entrevista y en determinado momento le preguntó si podría ver las cicatrices de sus piernas. El niño se las mostró, pero a continuación se remangó para mostrarle las marcas de sus brazos, donde su madre había presionado con fuerza, diciendo:
- Estas cicatrices son las que tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida.



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lunes, 29 de noviembre de 2010

EL SACO DE PLUMAS


Había una vez un hombre que calumnió gravemente a un amigo suyo, todo por la envidia que tuvo al ver el éxito que éste que éste había alcanzado en su vida. Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus mentiras a ese amigo, y para tratar de encontrar una solución visitó a una mujer muy sabia a quien le dijo:
- Quiero arreglar todo el mal que hice a ese amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?

A lo que la mujer respondió:
- Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta de una en una por donde vayas.

El hombre, muy contento por lo fácil que resultó el consejo, tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día ya las había soltado todas. Volvió donde estaba su consejera y le dijo:
- Ya he terminado.

A lo que ella contestó:
- Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste... Sal a la calle y búscalas.

El hombre se sintió entonces muy triste, pues sabía lo que eso significaba, no podría juntar casi ninguna. Al volver, la mujer sabia le dijo:
- Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste.


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miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA CARROZA VACIA


Cierto día, paseaban por el bosque un padre con su hijo. El padre se detuvo en una curva y le preguntó al niño:

- Hijo mío, ¿qué oyes?

- Oigo a los pájaros cantar en los árboles -respondió el aludido.

- ¿Escuchas algo más?

El hijo aguzó el oído y contestó un instante después:

- Oigo también el ruido de una carroza.

- Efectivamente -dijo el padre-. Es una carroza vacía.

- ¿Cómo sabes que está vacía, si sólo oyes el ruido? -preguntó el niño.

- Es muy fácil saberlo: cuanto más vacía está la carroza, mayor es el ruido que hace.

Ese niño creció y se convirtió en adulto, y hasta hoy, cuando ve a una persona hablando demasiado, interrumpiendo inoportunamente a los demás, presumiendo, siendo prepotente... le parece de nuevo oír la voz de su padre: «Cuanto más vacía está la carroza, mayor es el ruido que hace».


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